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La Cosa Más Preciosa que Tenemos:La Diferencia Entre Ciencia y Pseudociencia

“Si hay alguna ciencia que soy capaz de promover, creo que es la ciencia de la ciencia misma, la ciencia de la investigación, o método."
John Stuart Mill

La ciencia ha producido el mundo moderno. Nos da plásticos y explosivos plásticos, autos y tanques, transportes supersónicos y bombarderos B-1. La ciencia ha puesto al hombre en la Luna y misiles en los silos. Desarrollos de la ciencia médica nos permiten vivir el doble de lo que la gente vivía hace solamente 150 años. Pero ahora tenemos un problema de superpoblación sin la correspondiente solución de sobreproducción, amenazándonos más que cualquier enfermedad en la historia.
El crecimiento de las ciencias físicas nos ha dado la electricidad, computadoras, luces, automóviles y láseres. Pero por primera vez tenemos el potencia nuclear, químico y biológico combinados para causar la extinción de la especie humana. Los descubrimientos y teorías en evolución y cosmología nos han dado perspectivas sobre el origen de la vida y la humanidad. Pero para muchas personas estas ideas y sus correspondientes ideologías están amenazando tradiciones personales, creencias religiosas y al confortable estado de cosas.
La parte del mundo conocida como el Occidente Industrial podría, enteramente, ser visto como un monumento a la revolución científica comenzada hace más de 400 años, sucintamente capturada en una simple frase por uno de sus iniciadores:
"Conocimiento es poder". Cuando Francis Bacon escribió estas palabras a principios del siglo XVII, estaba equiparando dos elementos que encapsuló la descendencia de la revolución científica que él ayudó a nacer, el método científico. En su trabajo utópico, New Atlantis, Bacon describió su meta para el novum organon o nuevo instrumento de la ciencia: "La finalidad de nuestra Fundación es el conocimiento de las causas y el movimiento secreto de las cosas y el engrandecimiento de los límites del Imperio Humano para la realización de todas las cosas posibles" (1965, p. 447).
A través de este nuevo instrumento Bacon sentía que los seres humanos serían capaces de subyugar y vencer todas las miserias que retrasaban a la humanidad. Para Bacon, el último propósito de la ciencia, entonces, es "el imperio del hombre sobre las cosas", en el que estás para "poner [a la naturaleza] a tu servicio y hacerla tu esclava" (p. 375). La siguiente composición (en metáfora sexual) de Daniel Defoe resume esta nueva actitud de dominio en un siglo XVIII uniendo ciencia y tecnología (1958, p. 178):
[La Naturaleza es una virgen, muy casta y esquiva.Cortejarla es una tontería, si lo disfrutas,Debe ser violada -Cuando la fuerzan, es libre,Una perfecta prostituta para la Industria]

El Crecimiento Geométrico de la Ciencia

Las aplicaciones industriales de los desarrollos tecnológicos que han resultado de la investigación científica han sido sobrecogedores, por decir lo menos. Vivimos en una era de ciencia y tecnología. Las estadísticas usadas para representar las tangibles regalías de este poderosísimo sistema hacen vacilar la imaginación. El historiador de la ciencia, Derek J. de Solla Price, en su libro Little Science, Big Science [Ciencia Pequeña, Ciencia Grande], ha observado que "usando cualquier definición razonable de científico, podemos decir que de 80 a 90 por ciento de todos los científicos que han vivido están vivos ahora. Alternativamente, cualquier joven científico, comenzando ahora y mirando al final de su carrera desde un período de vida normal, encontrará que 80 a 90 por ciento del todo el trabajo científico logrado al final del período ha tenido lugar delante de sus propios ojos y que sólo de 10 a 20 por ciento se anticipa a su experiencia" (1963, pp 1-2).
Las conclusiones de De Solla Price están bien respaldadas con la evidencia. Hay ahora, por ejemplo, más de 100.000 revistas científicas que se publican cada año, produciendo más de seis millones de artículos a ser digeridos, claramente una tarea imposible. La Clasificación Decimal Dewey hoy enumera más de 1000 diferentes clasificaciones bajo el título de "Ciencia Pura", dentro de cada uno de los cuales hay docenas de revistas de la especialidad. La gráfica de la figura 1 representa el crecimiento en el número de revistas científicas, desde la fundación de la Royal Society en 1662 cuando había dos, hasta el presente.
Virtualmente, cada campo de aprendizaje muestra una curva de crecimiento exponencial similar. A medida que el número de individuos que trabaja en el campo crece, también crece la cantidad de conocimiento, creando más empleos, atrayendo a más gente y así sucesivamente. Las curvas de crecimiento de la membresía para la American Mathematical Society (fundada en 1888) y la Asociación Matemática de América (fundada en 1915), son demostraciones dramáticas de este fenómeno.
Considerando la tasa de aceleración del incremento de individuos que ingresan a la ciencia, en 1965 el Ministro de Ciencia y Educación en Gran Bretaña hizo esta sorprendente observación (Hardison, 1988, p. 14):
Por más de 200 años los científicos en todos lados fueron una minoría significativa de la población. En Gran Bretaña, hoy en día, superan al clero y a los oficiales de las fuerzas armadas. Si la tasa de progreso que se ha mantenido aún desde la época de Sir Isaac newton continuara por otros doscientos años, cada hombre, mujer y niño sobre la Tierra sería un científico y así también cada caballo, vaca, perro y mula.
La tasa de crecimiento de la velocidad de transporte también ha mostrado progresión geométrica, la mayoría del cambio producido en el último uno por ciento de la historia humana. Fernand Braudel nos cuenta, por ejemplo, que "Napoleón no se movió más rápido que Julio César" (1979, p. 429). Pero en el último siglo el crecimiento de la velocidad de transporte ha sido astronómico (figurativa y literalmente). Las fechas salientes presentadas en la figura 3 ilustran el crecimiento de la velocidad de transporte y muestran la familiar curva de crecimiento exponencial.
Un ejemplo final de progreso tecnológico basado en la investigación científica servirá para llegar al tema que nos ocupa. Los diferentes dispositivos que sirven para marcar el tiempo, cuadrantes, relojes pulsera, relojes de pared, han mejorado su eficiencia y la disminución del error puede ser graficada contra el tiempo.
En virtualmente cada campo de logros humanos asociado con la ciencia y la tecnología la tasa de progreso coincide con lo ejemplos de arriba. Reflexionando sobre esta tasa de cambio, el economista Kenneth Boulding observó (Hardison, 1988, p. 14):
Cuantas más series estadísticas relacionadas a las actividades humanas sean relevantes, la fecha que divide a la historia humana en dos partes iguales también estará dentro de la memoria humana. El mundo de hoy es tan diferente del mundo en el que nací como lo era ese mundo del de Julio César. Nací en el medio de la historia humana.

Pseudociencia en la Era de la Ciencia

¿Estamos viviendo en la Era de la Ciencia? Así parecería de los ejemplos de más arriba. Pero si es así, ¿por qué abundan tantas tradiciones psudocientíficas y no científicas? Religiones, mitos, supersticiones, misticismo, cultos, creencias de la Nueva Era y tonterías de toda clase han penetrado en cada rincón y grieta de las culturas popular y académica. Uno puede racionalizar que comparado al pensamiento mágico de la Edad Media, las cosas no son tan malas. Pero estadísticamente hablando las creencias pseudocientíficas están experimentando una resurrección a fines del siglo XX. Una encuesta Gallup de 1990 de 1236 americanos adultos muestran porcentajes de creencia en lo paranormal que son alarmantes (pp 137-146):

Astrología: 52%
PES: 46%
Brujas: 19%
Alienígenas han aterrizado en la Tierra: 22%
El continente perdido de Atlantis: 33%
Dinosaurios y seres humanos vivieron simultáneamente: 41%
El diluvio de Noé: 65%
Comunicación con los muertos: 42%
Fantasmas: 35%
Tuvieron realmente una experiencia psíquica: 67%
Otras creencias populares de nuestro tiempo que tienen poca o ninguna evidencia veraz incluyen: zahoríes, el triángulo de las Bermudas, poltergeist, biorritmos, creacionismo, levitación, psicokinesis, astrología, fantasmas, detectives psíquicos, ovnis, visión remota, auras Kirlian, emociones de las plantas, vida después de la muerte, monstruos, grafología, criptozoología, clarividencia, médiums, poder de la pirámide, curación por la fe, Pie Grande, exploración psíquica, casas embrujadas, máquinas de movimiento perpetuo, sitios antigravedad y divertidamente, control astrológico de nacimientos. Otras encuestas muestran que estos fenómenos no son las creencias desviadas de un manojo de lunáticos marginales. Son más penetrantes que lo que la mayoría de nosotros nos gustaría pensar, y esto es curioso considerando lo lejos que la ciencia ha llegado desde la Edad Media.
En su libro, Religion and the Decline of Magic [La Religión y el Ocaso de lo Mágico] (1971), el historiador Keith Thomas dice que con el desarrollo de un método sistemático de ciencia construido durante la revolución científica de los siglos XVI y XVII, "la noción de que el universo estaba sujeto a inmutables leyes naturales destruyó el concepto de milagros, debilitando la creencia en la eficacia física de la plegaria y disminuyendo la fe en la posibilidad de inspiración divina directa" (p. 463). Sin embargo, la ciencia sola no fue suficiente para desplazar lo mágico puesto que la gente de esa época "se emancipaba de estas creencia mágicas sin haber desarrollado necesariamente alguna tecnología efectiva con la cual reemplazarlas." Sorprendentemente (por lo menos para aquellos que sostienen un modelo de guerra entre ciencia y religión), Thomas identifica la religión como una fuerza significativa en el ocaso del pensamiento mágico: "En el siglo XVII eran capaces de tomar esta iniciativa debido a que la magia estaba cesando de ser intelectualmente aceptable, y porque su religión les enseñó a tratar de ayudarse antes de invocar ayuda sobrenatural" (p. 663).
Aquellos involucrados en el movimiento escéptico durante cualquier período de tiempo, podrían encontrar que la palabra descriptiva "ocaso" de Thomas es difícil de creer en vista de la aceptación de las creencias paranormales reveladas en la encuesta de más arriba. No obstante, uno en cuatro o uno en seis es probablemente significativamente menor de lo que una encuesta en el siglo XV hubiera revelado. Nueve de 10 (o hasta 99 de 100) probablemente sería una figura subestimada para aquellos que aceptaron sin cuestionamiento lo que hoy se consideran creencias paranormales.
Para la mayor parte la fe en fantasmas o telepatía probablemente cambie poco en el trabajo y desempeñe hábitos de la mayoría de uno en cuatro que afirman semejante saber especial. Excepto por el ocasional "tonto separado de su dinero", o receptor de fe curadora que dispone del remedio apropiado, las creencias paranormales de hoy probablemente parezcan relativamente inocuas. No lo son. La razón es que si alguien está ansioso por aceptar tales afirmaciones en base a evidencia inexistente, ¿qué más están ansiosos de creer? Como el problema de las drogas, donde la marihuana supuestamente conduce a la heroína, las creencias "inocuas" en fantasmas y ovnis podrían conducir a creencias y prácticas más peligrosas. Creyendo que eres sexualmente molestado por alienígenas del espacio podría parecer tonto e inocuo, pero creer que eres sexualmente molestado por padres o parientes podría llevar a alguien a la cárcel.
Donde la ausencia de pensamiento científico tiene mayor y más significativo impacto es dentro del reino social. Individuos, grupos y naciones han estado tratando de resolver problemas sociales como guerra, crimen y pobreza, por milenios y no obstante estas enfermedades sociales abundan. Parecería que hemos fracasado en recordar el pasado de modo de no repetirlo. ¿Podemos aplicar el método científico a la resolución de los problemas sociales? Si así fuera, ¿lo haríamos? ¿Han sido científicas las llamadas "ciencias sociales" en sus análisis del comportamiento humano, pasado y presente?

La División de las Ciencias

"Los métodos de la ciencia han sido enormemente exitosos en todo lugar en donde han sido aplicados. Apliquémoslos entonces a los asuntos humanos."
B. F. Skinner

La aplicación de principios científicos a la mejora de la condición humana tiene una larga historia que puede ser rastreada hasta hace 4500 años en la antigua Mesopotamia, cuando los sumerios crearon la escritura, las matemáticas, el calendario astronómico y la astrología para mejorar todos los aspectos de sus vidas, incluyendo la agricultura, la política y la religión. Sin embargo, la aplicación de métodos científicos al comportamiento humano tiene una historia mucho más breve que data del Renacimiento, cuando el espíritu newtoniano difundió a otros campos del aprendizaje lo que más tarde sería conocido como ciencias sociales. Las ciencias sociales han tenido considerablemente menos éxito que sus contrapartes en las ciencias físicas y biológicas, dejándonos al cierre del siglo XX con una plétora de problemas que amenazan la vida y a los científicos sociales buscando a tientas respuestas en lo que muchos observadores ven como una desesperada carrera contra el tiempo (p.e., Rifkin, 1987; Holton, 1986; Brown, 1986; Capra, 1982; Bronowski, 1973). Guerra, revolución, esclavitud, pobreza, polución, desempleo, inflación monetaria, depresión económica, crimen, racismo, sexismo, persecución religiosa, conflicto social y fracaso en la educación nos enfrentan en cada lugar sin soluciones a la vista. El problema que enfrenta la esfera social completa se puede reducir a una simple causa: tenemos un sistema económico, político y social del siglo XVIII que debe acomodar la ciencia física y biológica y la tecnología del siglo XX. Brevemente, tenemos los medios técnicos para la autoaniquilación sin los medios sociales para prevenirla.
¿Por qué es esto? ¿Por qué tenemos las ciencias físicas y biológicas por delante de las ciencias sociales en la identificación de la causalidad y la predicción y control de acciones futuras de sus respectivos sujetos? Hay dos posibles respuestas: una, los paradigmas tradicionales de las ciencias biológicas y físicas, largamente emulados por los científicos sociales, son inadecuados para la exploración de un tema tan complejo como el comportamiento humano; dos, las ciencias sociales (p. e., psicología, sociología, economía y antropología) y las ciencias históricas (p. e., cosmología, geología, paleontología, biología evolutiva, arqueología, e historia humana), difieren en método y procedimiento de las ciencias experimentales. Aunque la calidad de los resultados necesitan no variar, los de la historia y las ciencias sociales típicamente son vistos como inferiores a aquellos de las ciencias experimentales, y así sus conclusiones se supone que son menos "duras", una idea que dio nacimiento al apelativo de "ciencias suaves". El orden picoteado es comprendido por todos los académicos y sentido como un aguijón por aquellos ubicados al final.
Tales divisiones y órdenes jerárquicos entre las ciencias no son ni productivos ni conducentes a integración interdisciplinaria, uno de los más importantes generadores de cambios de paradigma y revoluciones científicas. Una aproximación más constructiva hacia la optimización de la cantidad de progreso científico podría ser percibir las similitudes y diferencias entre las distintas ciencias como un tipo de metodología, más que diferencias de valor. Dentro del marco de este análisis todos los fenómenos naturales y humanos pueden ser clasificados y examinados de de ciencias físicas, biológicas o sociales. Dentro de cada una de estas ciencias se usan dos metodologías: experimental e histórica. La cosmología, por ejemplo, es una ciencia física histórica. La fisiología es una ciencia biológica experimental. La paleontología es una ciencia biológica histórica. La historia y la arqueología son ciencias sociales históricas.
Tal estructura intelectual es el primer paso hacia una aplicación racional de la ciencia en el reino del comportamiento humano. En Washington D. C. hay un ícono de la advertencia histórica de George Santayana: "El progreso, lejos de consistir en cambio, depende de la retentiva. Aquellos que no pueden recordar su pasado están condenados a repetirlo" (1905). Sin embargo, la calidad de nuestras predicciones pueden no ser mejor que calidad de nuestro conocimiento del pasado. Puesto que la ciencia es la mejor herramienta que tenemos para comprender la causalidad en todos los reinos, una ciencia del comportamiento humano debe ser aplicada rigurosamente al presente y al pasado para así poder aprovechar nuestros triunfos y fracasos.

La Ciencia de la Historia

Elogiar la ciencia sin definirla es en parte como exaltar el amor de uno por el arte sin dar una pista de lo que lo hace atractivo, puede ser divertido como una fiesta pero ¿a dónde te lleva? Filósofos, historiadores de la ciencia, y muchos científicos han escrito extensamente describiendo el proceso que acompaña esta tradición cultural llamada ciencia (cf, Eddington, 1929 y 1958; Popper, 1934; Frank, 1957; Gillispie, 1960; Kuhn, 1962 y 1977; Harre, 1970 y 1985; Westfall, 1971; Holton, 1986; Olson, 1982 y 1991; Cohen, 1985; Losee, 1987; y Woolgar, 1988). En una discusión de la precisión semántica en ciencia, el filósofo Karl Popper previno: "La crítica será fructífera si declaramos nuestro problema tan claramente como podamos y pongamos nuestra solución de una forma suficientemente definida, una forma que pueda ser discutida críticamente" (1957, p. 16). Tales términos y conceptos como ciencia, hecho, paradigma y progreso son usados comúnmente pero es menos común estar de acuerdo sobre su significado. A causa de su importancia en el desarrollo de este análisis, y así el lector sabrá como se usan estos términos en este contexto, serán presentadas sus definiciones, comenzando con la ciencia misma.La ciencia es un conjunto de métodos mentales y de comportamiento diseñados para describir e interpretar los fenómenos inferidos u observados, pasados o presentes, dirigidos a la construcción de un cuerpo de conocimientos comprobables abiertos al rechazo o a la confirmación.La ciencia es una forma específica de pensar y actuar con el propósito de comprender el mundo percibido directa o indirectamente, pasado o presente. Los métodos mentales incluyen presentimientos, suposiciones, ideas, hipótesis, teorías y paradigmas, los métodos de comportamiento incluyen investigación de respaldo, recolección de datos, organización de datos, comunicación y colaboración entre colegas, experimentos, correlación de hallazgos, análisis estadístico, preparación de manuscritos, presentación de conferencias y publicaciones. Esta descripción funciona bien para describir las ciencias biológicas y físicas, pero ¿se puede aplicar a la historia humana?
Hay muchos (probablemente la mayoría) que argumentarían que las "ciencias" históricas no son lo suficientemente rigurosas para clasificarlas así. Sin embargo, con esta definición más amplia de ciencia, se puede observar que la historia puede ser, y en muchos niveles ya lo es, una ciencia. Los historiadores prácticos, han desarrollado "métodos mentales y de comportamiento" en sus análisis históricos que intentan contribuir a un "cuerpo comprobable de conocimientos abierto al rechazo o a la confirmación" sobre los fenómenos pasados. Sus métodos mentales y de comportamiento se aprenden durante el entrenamiento de graduación y el desarrollo profesional. Un trabajo histórico organizado es rechazado o confirmado por la comunidad de historiadores a través de la comprobación de hipótesis y teorías y el examen de datos históricos. A través de este proceso los fenómenos históricos se describen y son interpretados y pueden transformarse en factuales, en el siguiente sentido de la palabra:
Hechos científicos son datos o conclusiones confirmados en tal grado que sería razonable ofrecer una aceptación temporal. (Adaptado de la definición de hecho de Gould, 1983 (p. 255): "En ciencia, \'hecho\' solamente puede significar confirmado a tal grado que sería perverso negar un consentimiento provisorio").
James Kloppenberg (1989) ha argumentado de forma similar en su descripción de "la hermenéutica pragmática," un término chabacano que significa hechos históricos, hipótesis, e interpretaciones, "puede ser verificada contra toda la evidencia disponible y sujeta a las pruebas críticas más rigurosas" y "si son verificadas provisionalmente, se mantienen" y si "son refutadas, deben ser adelantada nuevas interpretaciones y sometidas a pruebas similares" (p. 1030).La historia es una ciencia que utiliza diferentes métodos de análisis de los de las ciencias experimentales. Las ciencias históricas tienen sus raíces en el rico conjunto de datos del pasado que, siendo no reproducibles, son no obstante válidos como fuentes de información para formar juntos hechos específicos y confirmar hipótesis generales. La incapacidad para observar realmente hechos pasados o efectuar experimentos controlados no es un obstáculo para una ciencia pura como la paleontología o geología, así que ¿por qué debería serlo para una ciencia pura de la historia humana? La clave es la capacidad para probar las propias hipótesis. Basados en datos del pasado, el historiador construye en forma tentativa una hipótesis que luego verifica "nuevos" descubiertos de la fuente histórica. El arqueólogo William Adams concluye en un documento sobre "Invasión, Difusión y Evolución" con la siguiente declaración sobre la necesidad de pruebas que suenen tan potentes como cualquier científico experimental pueda exigir (1968, p. 213):

Hasta que no haya una prueba definitiva en arqueología, cada interpretación existente tiene que estar sujeta al reexamen a las luz de descubrimientos recientes. Desafortunadamente no hay momento en que podamos olvidar la evidencia y aceptar la interpretación. Puesto que cada teoría no es más que una probabilidad, cualquier construcción de teoría sobre teoría reducirá la probabilidad significativamente. Solamente la evidencia sólida puede servir en forma definitiva como los ladrillos constituyentes de la historia.
De hecho, se puede argumentar razonablemente, que la mayoría de las "observaciones" de los científicos, astrónomos y físicos, de los experimentos arquetípicos, no se hacen con los sentidos sino con dispositivos de registración, y así, como los científicos históricos, realmente examinan "artefactos" de observación. Las huellas de una partícula subatómica en una cámara de niebla, las imágenes de un planeta registradas en dígitos binarios en un computador, las "imágenes" de video y los "sonidos" de audio traducidos de bits magnéticos marcados en una cinta, no son observaciones directas. Son productos de observaciones "pasadas", aún si el pasado es solamente segundos, minutos u horas. En el caso de la astronomía el pasado puede ser millones de años en el tiempo que le lleva a la luz llegar de galaxias distantes, y en este sentido la astronomía es un tipo de ciencia histórica. Los fenómenos no son, según una dicotomía artificial, observables o inobservables para el científico experimental y el científico histórico respectivamente. Hay un continuo desde la observación directa con luz a la observación indirecta con artefactos, que va desde más a menos fiable. Destacado por su tajante defensa de las ciencias históricas, Gould argumenta de esta manera a favor del "alto nivel" de la historia (1989, p. 282):
No podemos ver los hechos pasados directamente, pero la ciencia usualmente está basada en la inferencia y no en la observación sin adornos (no se pueden ver electrones, gravedad, o agujeros negros). El requerimiento firma de toda ciencia, sea histórica o estereotipada, yace en la comprobación segura, no en la observación directa. Podemos ser capaces de determinar si nuestras hipótesis están definitivamente equivocadas o son probablemente correctas. La riqueza histórica nos conduce a diferentes métodos de verificación pero la verificabilidad también es nuestro criterio. Trabajamos con nuestra fuerza de riqueza y diversidad de datos registrando las consecuencias de hechos pasados. No lamentamos nuestra capacidad de ver el pasado directamente.En base a este análisis se puede dar la siguiente definición:La historia es un producto del descubrimiento y descripción de fenómenos pasados. Por lo tanto, podemos dar esta definición general, que sigue de lo de arriba:
Una ciencia de la historia es un conjunto de métodos mentales y de comportamiento diseñados para descubrir, describir e interpretar fenómenos pasados, con la meta de construir un cuerpo comprobable de conocimiento abierto al rechazo o a la confirmación.
La historia es un producto de descubrimiento y descripción porque hay un pasado objetivo a ser descubierto, pero la descripción e interpretación pueden ser subjetivas. Puesto que los hechos nunca hablan por si mismos, la empresa científica es fundamentalmente humana. Como observó Henri Poincare con respecto al papel de la interpretación en ciencia: "Un grupo de hechos no es más ciencia de lo que una pila de ladrillos es un edificio" (Frank, 1957, p. 87). La teoría influye la observación en las ciencias históricas y en las experimentales y como hizo notar el filósofo de la historia Arthur Danto: "Uno no entra desnudo en los archivos. Pero entonces, se podría argumentar, tampoco entra desnudo al laboratorio" (1965, p. 101).

Paradigmas y Progreso

Creo que la ciencia y los paradigmas científicos no solamente son diferentes de todos los otros paradigmas, sino que contienen ciertas características que los hacen progresivos. El progreso, tomado en un sentido neutral de valor, significa el crecimiento acumulativo del conocimiento con el tiempo. Examinemos primero lo que es un paradigma y luego lo que constituye progreso.
Generalmente se adopta aquí el uso de paradigma de Kuhnian (1962), donde un paradigma define la "ciencia normal" de una época, fundamentada en "los logros científicos del pasado... que alguna comunidad científica en particular reconoce por un tiempo como suministro de las bases para su práctica posterior" (p. 10). Hoy, los libros de texto son primariamente proselitistas y protectores del paradigma presentando a la siguiente generación el conocimiento y teorías de las generaciones pasadas. Los libros de texto de antes, señala Kuhn, que los clásicos sirvieron a esta capacidad. Así lo hicieron de dos maneras que forman la base para la definición de Kuhn de paradigma:
Sus logros fueron suficientemente impredecibles para atraer grupos tolerantes de adherentes de distintas formas de actividades científicas competidoras. Simultáneamente, eran suficientemente abiertos como para dejar toda clase de problemas a ser resueltos por el redefinido grupo de practicantes. Me referiré de aquí en más a los logros que comparten estas dos características como 'paradigmas', un término que se relaciona estrechamente a \'ciencia normal\' (p. 10).
Kuhn fue recusado por Margaret Masterman por no definir paradigma claramente (Lakatos y Musgrave, 1970, pp. 59-89). Su definición ampliada de "todos los compromisos compartidos por el grupo, todos los componentes de lo que ahora deseo llamar la matriz disciplinaria" (p. 319), sin ejemplos ni discusión extensiva, todavía fracasa en dar al lector un sentido exacto de lo que quiere significar por paradigma. A causa de esta ausencia de claridad, se usará la siguiente definición, basada en eso dado por la ciencia:Un paradigma científico es un modelo mental compartido por la mayoría pero no por todos los miembros de una comunidad científica, diseñado para describir e interpretar fenómenos observados e inferidos, pasados o presentes y orientado a construir un cuerpo verificable de conocimiento abierto al rechazo o a la confirmación.
Un paradigma es usualmente compartido por la mayoría pero no por todos porque la mayor parte del tiempo coexisten paradigmas competidores, una necesidad para que los nuevos paradigmas desplacen a los viejos. El filósofo de la ciencia Michael Ruse, en El Paradigma Darwiniano (1989), ha identificado por lo menos cuatro usos de la palabra, incluyendo:
(1) Sociológico, concentrado en "un grupo de gente que se desempeña en conjunto, sintiéndose como que tienen una perspectiva compartida (la tengan realmente o no), y en una extensión que los separa de los otros científicos" (pp. 124, 125). Los conductistas y humanistas en la psicología son un buen ejemplo de un paradigma sociológico.
(2) Psicológico, donde los individuos dentro del paradigma literalmente ven el mundo en forma diferente de aquellos que están fuera del paradigma. Se puede hacer una analogía con la gente que ve figuras reversibles en experimentos de percepción. Tal como la imagen intercambiable de mujer mayor/joven donde la percepción de una impide la percepción de la otra. En este experimento perceptivo en particular, la presentación a los sujetos de una imagen fuerte de "mujer joven", seguida de una figura ambigua, siempre produce la percepción de una mujer joven, la presentación de una imagen fuerte de "mujer mayor", seguida de la imagen ambigua, produce la percepción de la mujer mayor el 95 por ciento de las veces (Leeper, 1935).
(3) Epistemológico, donde "las formas de uno de hacer ciencia están limitadas por el paradigma" debido a que las técnicas de investigación, problemas y soluciones están determinados por las hipótesis, teorías y modelos. Una teoría de frenología que conduzca al desarrollo de equipo frenológico de medida de bultos en el cráneo sería un ejemplo de paradigma epistemológico.
(4) Ontológico, donde en el más profundo sentido "lo que hay depende crucialmente de en qué se sostiene el paradigma. Para Priestley, literalmente no había una cosa como el oxígeno... En el caso de Lavoisier, no solamente creía en el oxígeno: el oxígeno existía" (pp 125, 126). Similarmente, para Buffon, Lyell y otros, las variedades de la población eran meramente degeneraciones de la clase creada originalmente; la naturaleza los eliminaba para preservar la esencia de las especies. Para Darwin y Wallace, las variedades eran la llave del cambio evolutivo.
Mi definición de paradigma es aplicable en los usos sociológico, psicológico, y epistemológico. Sin embargo, hacerlo completamente ontológico, significaría que cualquier paradigma es tan bueno como cualquier otro paradigma porque no hay una fuente externa de corroboración. La lectura de hojas de té y las predicciones económicas, hígados de oveja y mapas meteorológicos, astrología y astronomía, todos determinan igualmente lo que es en un paradigma ontológico. Obviamente no acepto esto, por lo cual agregué el modificador "científico" a mi definición. A pesar de la dificultad de los economistas y meteorólogos para predecir el futuro, son mejores que los lectores de las hojas de té y los adivinos de los hígados de oveja. Los astrólogos no pueden explicar el funcionamiento interno de una estrella, predecir las consecuencias de la colisión de galaxias o trazar el curso de una nave espacial a Júpiter. Los astrónomos si pueden por la simple razón de que operan en un paradigma científico que es refinado constantemente en base al juicio severo de la naturaleza misma.
También supongo que la ciencia es progresista porque tiene ciertas características internas de autocorrección: experimentación, corroboración y falsación. Estas características hacen a los paradigmas científicos diferentes de todos los otros paradigmas, que incluyen psudociencia, no ciencia, superstición, mito, religión y arte. La razón de que la pseudociencia, no ciencia, supersticiones, mitos, religión y artes sean no progresivos es que no tienen el mecanismo que permita la acumulación de conocimiento que se construye sobre el pasado. El progreso, en este sentido acumulativo, no es su propósito. Esta es una observación, no una crítica. Los individuos en estos paradigmas no se paran en hombros de gigantes de la misma manera que los científicos. Cuando hay un cambio en los mitos, religiones, y estilos artísticos, no es un cambio progresista. Los artistas no mejoran sobre los estilos de sus predecesores, los cambian (los materiales y las técnicas pueden mejorar, pero estos cambios se incorporan para acrecentar la habilidad del artista, no para ayudar a progresar al estilo del arte). Los curas, rabinos y ministros no intentan mejorar sobre los dichos de sus maestros; los transmiten como papagayos, interpretan y enseñan. Los pseudocientíficos no corrigen los errores de sus predecesores, los perpetúan. La ciencia tiene una característica de autocorrección que opera como la selección natural en la naturaleza. La ciencia, como la naturaleza, preserva las mejoras y erradica los errores. Cuando los paradigmas cambian (por ejemplo, durante las revoluciones científicas), los científicos no abandonan la ciencia por completo, de la misma forma que las nuevas especies no empezaron a partir del pellejo. En su lugar, lo que permanece útil en el paradigma se mantiene a medida que se agregan las nuevas características y se dan las nuevas interpretaciones, como se mantienen igual las características homólogas de la estructura esquelética de un organismo mientras se construyen los nuevos cambios alrededor de él (la aleta de la ballena mantiene la misma estructura ósea que su ancestro terrestre, carpos, metacarpos y falanges, agregando tejido y tendones en la medida necesaria). Einstein enfatizó este punto reflejándolo en su propia contribución a la física y a la cosmología (en Weaver, 1987, V, II, P. 133):
Crear una nueva teoría no es como destruir un viejo granero y erigir un rascacielos en su lugar. Es más bien como trepar una montaña, ganando nuevos y más amplios paisajes, descubriendo relaciones insospechadas entre nuestro punto de partida y su rico entorno. Pero el punto desde el cual comenzamos todavía existe y puede ser visto, aunque aparece más pequeño y forma una parte pequeña de nuestro ancho paisaje descubierto a través de la superación de los obstáculos en nuestro venturoso camino hacia arriba.El cambio de un paradigma científico a otro puede ser una señal de mejoría en la comprensión de la causalidad, la predicción de hechos futuros o la alteración del entorno. Es, de hecho, el intento de refinar y mejorar el paradigma que puede en última instancia llevar a su propia muerte, a medida que datos anómalos no son explicados por el viejo paradigma (como también los datos explicados por él son capaces de ser reinterpretados) encajan en el nuevo paradigma de una forma más completa. Werner Heisemberg, que hizo justamente eso al agregar el principio de incertidumbre a la física, resume cuando y donde ocurren estos cambios (Weaver, v. ii, p. 475):
Probablemente sea cierto de forma bastante general que en la historia del pensamiento humano los desarrollos más fructíferos tienen lugar en esos puntos donde se encuentran dos líneas diferentes de pensamiento. Por ende, si se encuentran realmente, eso es, si por lo menos están tan relacionadas una con otra que puede tener lugar una interacción real, entonces uno puede esperar que sigan nuevos e interesantes desarrollos.
¿Qué provoca que un paradigma cambie y quién está involucrado en el cambio? Kuhn explica: "Casi siempre los hombres que logran estos inventos fundamentales de un nuevo paradigma han sido muy jóvenes o muy nuevos en el campo cuyo paradigma cambian" (1962, p. 90). De modo interesante, esta cita encabeza el primer volumen de la brillante y controvertida Black Athena de Marin Bernal, un análisis histórico de la influencia afroasiática en la civilización occidental clásica. Bernal cita a Kuhn "para justificar mi suposición, como alguien entrenado en la historia china, por escribir sobre temas tan alejados de mi especialidad original." Aunque Bernal no es lo suficientemente audaz para proponer su propio cambio de paradigma, afirma que los "cambios de perspectiva... son no obstante, fundamentales" (1987, p. 1). Bernal contrasta el "Modelo Ario" de la historia griega que ve a Grecia como esencialmente indoeuropea, con el "modelo antiguo" que la ve como afroasiática, o levantina y egipcia. Bernal sugiere reemplazar el Modelo Ario, no con el modelo antiguo, sino por el que él llama el Modelo Antiguo revisado que "acepta que hay una base real para las historias de las colonizaciones egipcia y fenicia de Grecia emprendidas en el modelo antiguo. No obstante, las ve como el comienzo de algo anterior, en la primera mitad del segundo milenio A. C." Sin embargo, Bernal no quiere abandonar completamente el Modelo Ario porque el Modelo Antiguo Revisado "acepta tentativamente la hipótesis de invasiones del Modelo Ario, o infiltraciones, desde el norte por parlante indoeuropeos en algún momento durante el 4to. o 3er. Milenio a. C." (p.2).Claramente Bernal no está sugiriendo el reemplazo simple de un paradigma sin transferencia de conocimiento o marco interpretativo. En su lugar, el suyo es un programa donde un paradigma puede desplazar a otro paradigma mientras retiene elementos del viejo. El Modelo Antiguo Revisado, explica "no agrega factores desconocidos extra o causas primeras adicionales. En su lugar elimina dos introducidos por proponentes del Modelo Ario." Bernal afirma que estas son: "(1) pueblos \'pre helénicos\' de habla no era indoeuropea a los que se les ha impuesto cada aspecto inexplicable de la cultura griega; y (2) las misteriosas enfermedades de \'egiptomanía\', \'barbarofilia\' e interpretación "graeca" que los \'arionistas\' defienden, han decepcionado a tantos de otro modo inteligentes, balanceados e informados Griegos Antiguos con la creencia de que los egipcios y fenicios han jugado un papel central en la formación de su cultura." El análisis completo de Bernal es un ejemplo espléndido de ciencia histórica usando el método hipotético deductivo para transformar datos secos como polvo en iluminadores experimentos históricos (p. 7):
La eliminación de estos dos factores y la resucitación del Modelo Antiguo deja a las culturas y lenguas griega, semítica occidental y egipcia en confrontación directa, generando cientos si no miles de hipótesis predictivas verificables de que si la palabra o concepto a tuvo lugar en la cultura x, uno debería esperar encontrar su equivalente en la cultura y. Estos podrían iluminar aspectos de las tres civilizaciones, pero especialmente aquellas áreas de la cultura griega que no pueden ser explicadas por el Modelo Ario.
A despecho de sus afirmaciones de neutralidad al verificar los modelos en el Volumen 1 de Black Athena, en el Volumen 2 Bernal admite: "He abandonado la máscara de imparcialidad entre los dos modelos". Considerando su compromiso con uno y su aversión hacia el otro, Bernal dice: "en lugar de juzgar su utilidad competitiva heurística de una forma \'neutral\', trataré de mostrar como el Modelo Antiguo Revisado puede describir y explicar más completa y convincentemente el desarrollo y naturaleza de la civilización griega antigua que el Modelo Ario" (1991, p. 3). El Modelo Antiguo Revisado ha sido construido sobre componentes de los modelos Antiguo y Ario mientras al mismo tiempo los reemplaza. Hay crecimiento acumulativo y cambio paradigmático. Este es el progreso científico, que en el contexto de este análisis puede ser definido como sigue:El progreso científico es el crecimiento acumulativo de un sistema de conocimiento con el tiempo, en el que las características útiles son retenidas y las inútiles son abandonadas, basadas en el rechazo o confirmación del conocimiento verificable.

El Triunfo de la Ciencia

Estas definiciones de ciencia, paradigma científico y progreso científico no se deben confundir con que aquellas de los antiguos positivistas científicos e historiadores que vieron la ciencia como un andar sistemático descifrando la Verdad de la Realidad a través de un sistema progresivo de conocimiento positivo. La declaración clásica de esa posición fue hecha por George Sarton, el fundador de la disciplina de la historia de la ciencia y de su revista señera, Isis (1936, p. 5):Definición: Ciencia es conocimiento positivo sistematizado o lo que ha sido tomado como tal en diferentes épocas y en diferentes lugares. Teorema. La adquisición y sistematización de conocimiento positivo son las únicas actividades humanas verdaderamente acumulativas y progresivas. Corolario. La historia de la ciencia es la única historia que puede ilustrar el progreso del género humano.
Aunque he definido la ciencia como progresiva, admito que no es posible saber si el conocimiento descubierto por el método científico es positivo ("cierto"), o no, porque no tenemos un fuente externa, ni punto arquimedeano, desde el cual contemplar la realidad. Más aún, la ciencia no es la única actividad humana acumulativa y progresiva. La tecnología también cumple los criterios para ser etiquetada de progresista. Por lo tanto, una historia de la ciencia y la tecnología ilustraría el progreso de la civilización. El disgusto general de los modernos historiadores de la ciencia por la definición de Sarton, teorema y corolario puede no estar con la concepción de ciencia como progresiva, más bien, es con la inferencia de que el progreso es moralmente bueno y valioso para la sociedad humana; a causa de que solamente la ciencia es progresiva, es moralmente mejor que todas las otras tradiciones humanas. Según este análisis positivista las culturas que abrazan la ciencia y la tecnología son mejores que las culturas que no lo hacen. Tales actitudes pueden y han conducido a actitudes imperialistas y racistas hacia pueblos "menores" que no comprenden el mundo tan "claramente" como aquellos en el occidente. La aversión general por parte de los pensadores modernos hacia esta filosofía de la ciencia es comprensible y justificada. Sin embargo, no necesitamos divulgar la ciencia a causa de su identificación previa con el progreso moral. Después de todo, hemos aprendido mucho sobre la historia y filosofía de la ciencia desde la época de Sarton.
No hay duda de que la ciencia está muy influenciada por la cultura en la que está embebida y que los científicos pueden compartir un prejuicio común que los lleve a pensar de una cierta forma sobre la naturaleza. Pero esto no nos aleja en nada de la naturaleza progresista de la ciencia. El progreso en este sentido representa una descripción de valor neutral. El progreso no es bueno ni malo; simplemente es. Muchos piensan que el progreso es bueno, pero hay muchos que creen que el progreso es destructivo y a su vez, generalmente les disgusta la ciencia y la tecnología, por lo menos son consistentes.
Debe señalarse también, que aquellos que no abrazan la ciencia y la tecnología pueden ser tan felices como los que lo hacen, pueden aún serlo más. Pero esta es una declaración acientífica porque la felicidad es una emoción subjetiva, no cuantificable. No podemos juzgar o definir el progreso basados en la felicidad. La única cosa que se puede decir racionalmente, sin embargo, es totalmente subjetiva y un asunto de elección individual. Un automóvil puede ser el orgullo y placer de un individuo y la pesadilla y dolor de cabeza de otro. El retiro a la tranquila soledad de una remota montaña puede traer paz y serenidad a algunos, ansiedad y aburrimiento a otros. La alegría, como el buen arte, nunca puede significar más que "me gusta," la infelicidad, como el mal arte, nunca puede querer decir más que "no me gusta." Trate de decirle a un artista de pinturas abstractas por qué Rembrandt es "mejor" que una serie irregular de líneas y cubos, o decirle a un fanático de los ruidos aleatorios de John Cage que la novena de Beethoven es "superior." Después de horas de infructuosos intentos de encontrar alguna regla objetiva de juicio, siempre llegaría a "me gusta" o "no me gusta."
En esta estimación Sydney Hook hace esta interesante comparación entre las artes y las ciencias: "La Madonna Sixtina de Rafael sin Rafael, las sonatas y sinfonías de Beethoven sin Beethoven, son inconcebibles. En ciencias, por otro lado, es bastante probable que la mayoría de los logros de cualquier científico dado habrían sido obtenidos por otros individuos trabajando en el mismo campo" (1943, p. 35). La razón para esto es que la ciencia, con el progreso como una de sus metas primarias, busca entender a través de métodos objetivos (aunque rara vez lo logra). Las artes buscan la provocación de la emoción y reflexión a través de medios subjetivos. Cuanto más subjetivo es el empeño, más personal se vuelve y por lo tanto más difícil sino imposible de repetir por alguien más. Cuanto más objetiva sea la pretensión, es más verosímil que alguien más haya conseguido el logro. La teoría de la selección natural de Darwin habría sido (y, de hecho, lo fue por Wallace) replicada debido a que el proceso científico es empíricamente verificable. En una cruda dicotomía, la diferencia entre ciencia y arte es descubrimiento contra creación. La teoría de Freud del psicoanálisis probablemente no habría sido presentada por otro, porque fue la creación de la mente de un individuo más que un descubrimiento.No podemos, en ningún sentido absoluto, igualar alegría con progreso o progreso con alegría. Pero si un individuo encuentra la alegría en el progreso producido por la ciencia y la tecnología, hay una forma racional de cuantificar y definir cómo puede llevarse a cabo este progreso. Como se definió más arriba el progreso científico, se puede dar una definición similar para sistemas tecnológicos:
EL progreso tecnológico es el crecimiento acumulativo de un sistema de conocimientos y artefactos durante el tiempo, donde se mantienen las características útiles y se abandonan las inútiles, en base al rechazo o aceptación de las tecnologías en el mercado.
Por lo tanto se vuelve posible hacer una distinción racional entre culturas progresistas y no progresistas (que no produce juicios en si estas diferencias son buenas o malas, morales o inmorales):
Las culturas progresistas tiene como meta primaria el crecimiento acumulativo de un sistema de conocimientos y artefactos durante el tiempo, donde las características útiles son retenidas y las inútiles son dejadas de lado, en base al rechazo o confirmación de conocimiento verificable, y el rechazo o aceptación de artefactos.
El progreso cultural está inextricablemente ligado con el progreso científico y el tecnológico. La cultura, por supuesto, involucra mucho más que ciencia y tecnología, pero para que una tradición cultural sea progresista, debe cumplir con la definición de crecimiento acumulativo a través de una deuda con el pasado. En ciencia, las características útiles se mantienen y las inútiles son abandonadas a través de la confirmación o el rechazo del conocimiento verificable. El método científico, de esta manera, está construido para ser progresista. En tecnología, las características útiles se mantienen y las inútiles se dejan de lado en base al rechazo o aceptación de las tecnologías en el mercado. Para la ciencia, el mercado es primariamente la comunidad de científicos. Para la tecnología, el mercado es primariamente el público consumidor. Otras tradiciones culturales (arte, mitos, religión) pueden retener alguna de las características encontradas en ciencia y tecnología, tales como ser aceptada o rechazada dentro de su propia comunidad o por el público, pero ninguna tiene como meta primaria el crecimiento acumulativo a través de una deuda con el pasado. Así, solamente la ciencia y la tecnología son verdaderamente progresivas.
Las culturas que incitan al desarrollo de la ciencia y la tecnología serán progresistas. Las culturas que inhiben el desarrollo de la ciencia y la tecnología no serán progresistas. Esto no hace que una cultura sea mejor que otra cultura, o a una forma de vida más moral que otra forma de vida, o a unos pueblos más felices que a otros pueblos. Pero si un individuo o grupo desea un estilo de vida que incluya la vasta diversidad de conocimiento y artefactos, aprecie la novedad y el cambio, busque un siempre creciente nivel de vida definidos como en el occidente industrial, entonces un sistema progresista basado en la ciencia y la tecnología producirá esa cultura. Sin, duda, en esta época de "corrección política" donde la mayoría de la gente del mundo no ha compartido esta preferencia de ciencia y progreso (y son vistas como que han sido explotadas por esta filosofía), esta no es una posición popular. También entre los académicos, la palabra "progreso" ha tomado un significado peyorativo, implicando superioridad sobre aquellos que no han progresado tan lejos. En mi defensa doctoral fui firmemente advertido por mi comisión que reemplazara la palabra "progreso" por la palabra "cambio" cuando me refiriera a la ciencia. Mi respuesta a aquellos que desafían la validez de la ciencia y del método científico como medio para entender la causalidad en el mundo, es citar a uno de los más grandes científicos del siglo XX, sino del milenio, Albert Einstein:
Una cosa que he aprendido durante una larga vida: que toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil y no obstante es la cosa más preciada que tenemos. Esa es la diferencia fundamental entra ciencia y pseudociencia.

 
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